lunes, febrero 26, 2007

Las vacaciones

Está a punto de llegar marzo y con él, se nos viene el fin del verano. Lo supe porque en la tele están hablando de los créditos de consumo, del Transantiago, de los escolares, de la agenda de la Presidenta, del gabinete, de los tacos. También lo sé porque mi santa esposa (ella se merece ese apelativo, créanme) está de cumpleaños justo el 28 de febrero.

Vacaciones en familia, holgazaneo en patota. Sin computador ni celular ni internet ni nada que me recordara el trabajo. Al contrario, pura piscina, río, termas, más piscina, comida, bebida, dormir, levantarse tarde, acostarse tarde, no levantarse, manejar poco. Eso sí, televisión satelital para calmar los vacíos de entretención apelando en esos momentos a los padrinos mágicos, brandy y el señor bigotes, lazy town, el dragón occidental, mickey mouse, bob el constructor, los power ranger. Gracias discovery kids, disney channel, jetix. De pronto también alguna llamada para saber cómo está mundo. En fin.

Asimismo, me dedique a buscar cierta música que recordaba, pero que perdí con los cambios de casa y los cambios de tecnología. Claro, cuando yo era un púber quinceañero no existía el mp3. Sí, no existía el mp3 ni el messenger. ¿Cómo podíamos vivir? Copiando Cd’s en una operación que ahora da risa, por lo demorosa. Sobrevivíamos escribiéndonos ciertos mensajes en los cuadernos, cartas imposibles en papeles manoseados, mensajes telefónicos, usábamos tanto el teléfono que a veces teníamos que invertir nuestra mesada en ayudar a pagar la cuenta. No había messenger, no había. El celular era super caro y no tan masivo como ahora.

Durante el año pasado y en estas vacaciones, les compré varios libros a mis hijos y se hicieron un rincón en mi mueble de biblioteca. “Pero papito si tú nos compraste los libros, nosotros tenemos que hacer nuestra biblioteca, así que esta parte es de nosotros y la otra es tuya”. Será, pues. Aprendieron a usar algo de internet, que sirve para los trabajos de la escuela y que sólo pueden jugar o buscar dibujos u otras cosas si es que no hay tareas; si hay tareas, internet se usa para hacerlas.

Hay otras cosas, hartas. El mayor de mis hijos sigue cambiando los dientes. Además, les estuve enseñando a nadar y jugar pimpón y andar en bicicleta y lanzar piedras para que reboten en el agua y jugar al yoyo y al trompo y al fútbol. Hartas cosas, ellos están más grandes, somos más amigos. La pasamos bien. Estas vacaciones fueron super buenas.

miércoles, febrero 14, 2007

Un placer culpable para el día de los enamorados


Creo que todos de una forma u otra tenemos entre nuestros recuerdos ciertas canciones, que no son otra cosa que placeres culpables. Yo debo confesar que tengo mis placeres culpables y hay uno bien ochentero que no podría confesar de no mediar una gran cantidad de años desde que sonó por primera vez. Claro en ese tiempo, estando más joven y con inquietudes intelectuales, era mejor visto un perfil cercano al rock sinfónico y sus variantes británicas que la canción de un enmascarado chileno que se presentaba como Síndrome.

La canción es más o menos así:

A pesar de las pastillas que usé para olvidar
A pesar de las locuras que hice para odiar
Aun sueño contigo
Y en mi mente siempre estás

Nada ha cambiado el tiempo
Te adoro como ayer
Y a la distancia idealizo tu imagen y tu ser
Y aún sueño contigo
Y en mi mente siempre estás

Maldigo todo si no estás aquí conmigo
Me faltan fuerzas ya no sé si sigo vivo
Soy una planta arrancaste mis sentidos
Pero aún pienso en ti

A pesar de las heridas que dejaste al marchar
De dormirme en los bares
Y en plazas despertar
Aún sueño contigo y en mi mente siempre estás

Y así sigue. La verdad es que esta canción es un placer culpable que me llama la atención, porque es la expresión de un sentimiento acebollado y patético por un amor, como un bolero en formato de rock-pop. No es nada del otro mundo y de verdad que hay infinidad de temas que pueden ser mejores, sin duda; pero es una canción que está ahí, entre mis recuerdos ochenteros, de viajar en la Tobalaba las Rejas o la Plaza Egaña Recoleta, rumbo a la universidad, entre amigos, entre amores platónicos, con la secreta esperanza de que el mundo que conocíamos cambiara.

Aunque la publicidad nos tuerza un poco el sentido, igual nos tenemos que dar el espacio de tiempo en nuestras actividades para sentir y expresar tal sentimiento. No sólo en el día marcado en el calendario como el día oficial del amor, sino que cada instante del día nos tiene que brotar de nuestro ser esa fuerza inescrutable que nos da el amor.