lunes, enero 16, 2006

Los pasos perdidos

Carpentier se me viene a la memoria. El tiempo transcurre como si nada por nuestro lado y viajamos al pasado con sólo salirnos de las encementadas calles de nuestro Santiago. Hacia la montaña. Hacia el bosque. Rumbo a nuestra propia historia que late en cada paso que dimos y sobre los cuales volvemos a veces y otras sencillamente borramos de nuestros recuerdos.

Recuerdo el aroma a paltas y chirimoyas. Paltas muy frescas; las chirimoyas no me gustan tanto. Y una acequia y muchas moras. El río Aconcagua gritando fuerte y yo tratando de aprender a nadar. Debo haber tenido casi cinco años. El río gritaba fuerte y las moras tenían buen sabor. El aroma a vegetación y el sonido del agua. Nosotros en el río. El verano.

Recuerdo un tren. Parece que vamos de Quillota a San Felipe y mi tía está en la estación. Mi hermano salta en el vagón y el tren muy viejo. Casi no tiene luces en los vagones. Miel y pan amasado. Conejos. Una cuchara que aún guardo. Esa tía ya no está hace tiempo.

Recuerdo San Felipe. Año 2000. La municipalidad. Juan Cameron, gran poeta, primer lugar; Yo, poeta desconocido, en el segundo lugar del premio municipal de San Felipe. Luego de la ceremonia recorro las calles de San Felipe en busca de esos pasos del niño que algún día fui.

La poesía me hizo volver sobre esos pasos. Año 2006. La poesía. Aún.

lunes, enero 09, 2006

Every little thing she does is magic

Unidos en lo más íntimo de nuestra esencia caminamos por las calles, mirando y escuchando y riendo, siempre unidos. Siempre. Ella es la amada, el nombre adherido a los filamentos de mi alma. Es magia. Es la fuerza. Con ella construyo el mundo que pueblan mis ideas y en el que juegan las miradas de nuestros hijos. Ella abarca más allá de todo lo que yo pudiera imaginar en mi vida. Es magia. Convierte todo lo que mira en pura belleza. Es la espada de mi costado. Es la paloma, un alelí, la inmensa verdad.

Nada se mueve sin ella y todo deja de ser música cuando está lejos.

jueves, diciembre 29, 2005

Lo que no hice y mis predicciones que no se cumplirán

Termina el año 2005. Hay varias cosas que no hice. Bueno siempre hay cosas que no hacemos, puertas que no abrimos, jardines que no recorrimos, pájaros que no escuchamos, sonrisas que no respondimos, verdades que no dijimos, mentiras que no descubrimos, tiempos que no ocupamos y que quedaron por ahí detrás de alguna de esas puertas que no abrimos, como una posibilidad latente. Yo no hice, tú no hiciste, él no hizo… Tampoco leí todos los libros que hubiera querido, ni vi todas las películas que me interesaba ver. La lista es enorme.

Las predicciones que no se cumplirán para el 2006 son tan simples como decir que vamos a hacer todo lo que no hicimos en el 2005. Sólo me queda suspirar. Bienvenido el nuevo año y las nuevas sendas y todas esas cosas que se nos vienen de repente.

Además predigo que los fondos concursables en el área literaria serán ganados por toda la gente que nunca los ha ganado. Me incluyo. En una de esas…

Feliz Año Nuevo

miércoles, diciembre 21, 2005

Solsticio

Quieto. La luz inunda los espacios, arrobando la mirada. El carrusel inicia su camino y vuelve una y otra vez, permaneciendo. Hay un sonido inmenso en esa luz. Son intensas las pisadas. El ciruelo está crecido y sus frutos en el suelo, esperando. Las grietas florecen nuevamente. Todo está quieto.

sábado, diciembre 17, 2005

Parte de mi poética cotidiana

Esta semana fue agitada. El jueves 15 de diciembre se graduó mi hija del jardín infantil. El viernes 16 se licenció mi hijo de kínder. Ella caminó por el pasillo del auditórium. Tranquila y mirando a su tía. Yo estaba agachado en el pasillo y encontré sus ojos, fue una foto hermosa y ella se detuvo frente a mí y me dio un gran beso mientras la tía se desesperaba porque mi hija se salía del protocolo. Fue un gran momento.

El viernes me ubiqué muy cerca del escenario para sacar mejores fotos de mi hijo. Yo no contaba con que él iba a ser premiado como alumno destacado de su generación. No lo sabía. Ni siquiera él lo sabía. Las tías guardaron silencio y sólo supe cuando hicieron la premiación. No pude contener la emoción al verlo subir corriendo por la escalera mientras hablaban de sus logros; los logros de un niño de cinco años. Apenas saqué las fotos corrí a abrazarlo y darle un millón de besos y le dije al oído que lo quería mucho y él me dijo “yo también, papito”.

Sé que todo este comentario es algo simple, pero para mí tiene su consonancia en la poética que vivimos con mis hijos. La cotidianidad nos da fuerza y nos une. Mi hija es una princesa y mi hijo quiere que le regale todos los libros de mi biblioteca. Juntos inventamos historias y vivimos fantásticas aventuras, viajes a la selva, a la montaña, al espacio. Leemos e inventamos cuentos, hacemos compromisos y nos cobramos fieramente la palabra. Son mis ojos y mi alma y mi motivo.

miércoles, diciembre 14, 2005

Las vueltas a veces no dejan

Como todo ciudadano inscrito, realicé mi votación en conciencia aquel día 11 de diciembre de 2005. Se me ocurrió ir al mediodía para evitar cualquier fila eventual que según mi experiencia se producía a primera hora en mi mesa. Afortunadamente el local de votación al cual voy está ubicado muy cerca de mi casa de origen, lo que facilita mis actividades cívicas, pues dejo a mis hijos con mi mamá y luego voy a votar.

La fila era larga y más larga la espera bajo el sol. Y más larga todavía sin haber tomado desayuno confiado en que el trámite era corto.

Mi consuelo fue haber votado en conciencia. Aunque ya a esa altura me daba exactamente lo mismo el voto, quería irme a mi casa a darme una ducha.

Luego me dispuse a escuchar las noticias, los boletines uno tras otro anunciaban la segunda vuelta y con ella se me vino de golpe la imagen de la sala abarrotada, una fila extensa y el sol zapateando con fuerza en la cabeza. No podemos seguir votando de esta forma. Hasta cuándo nos obligan a participar de un acto arcaico y más encima oneroso.

Hoy en la mañana escuché conceptos técnicos y económicos que me dieron risa. Un periodista hablaba con Juan Ignacio García de los costos de las votaciones. Y sin siquiera arrugarse contaban los miles de millones de pesos que cuesta el tema, incluso la segunda votación (así se llama), que cuesta el tercio de lo que cuesta la primera votación, alcanza casi a los dos mil millones de pesos.

Qué mundo, qué profundo perejil.

martes, diciembre 06, 2005

Los poetas fueron expulsados de la república
El mágico pensamiento y la aguda intelectualidad de los poetas hiere la democracia perfecta y la hace perder estabilidad. Con los poetas el pueblo comprende que si conoce y aprende puede tener mejores oportunidades. Pero, no, es mejor que el pueblo tenga de premio un gentil embrutecimiento y se adormezca en sus infinitas peregrinaciones al mall, para interactuar con la modernidad, para empaparse de modernidad y de publicidad neoliberal, que calladamente se mete hasta en sus horas más íntimas, enajenándolo sin que ni siquiera lo alcance a notar.

Entonces debemos desconfiar de los poetas, porque son todos unos mentirosos y estafadores. No hay poesía para salvar el mundo que valga, pues ni siquiera sirven los versos para comprar un simple pedazo de pan y calmar el hambre.

Es mejor la continua tanda comercial de la televisión y la inhóspita mirada del niño que observa artefactos que están tan cerca y tan lejos a la vez. Un clic y ya está. La vida está ahí, fuera de cada uno de nosotros, en las vitrinas, en los supermercados, en las cunetas inclusive (claro que con la marca del pirata). Los poetas bajaron del olimpo, pero se perdieron en el camino.

lunes, noviembre 28, 2005

Apenas en un silbido

Apuntó el revólver y la frente de su víctima se llenó de terror, la palidez del anuncio de la despedida lo inundó y un súbito silencio insondable se posó en la mente del verdugo. La tarde se iba y los niños afuera corrían detrás de las pelotas o encaramados en sus patinetas. Sonaban las máquinas tragamonedas del negocio de la esquina, pero el silencio de su mente era todo lo que él podía sentir.

La madre del infortunado suplicaba para que el final fuera otro. Nada podía detener el destino que había trazado el hijo drogadicto al encalillarse más allá de su capacidad de pago, de la de sus hermanos, de la de sus padres, más allá de cualquier presupuesto de una familia de vagos y madres solteras, con un padre encarcelado y una madre dealer de un traficante de poca monta.

Le reventó la cabeza de un balazo, delante de su madre, en su propia casa. Ese fue el fin de la historia de Eduardo; el fin de su adicción, de sus promesas de pago, de su propio negocio de venta de droga. Un balazo que dejó en el suelo sus sueños, entre la sangre y su propio cuerpo desvanecido apenas en un silbido.

jueves, noviembre 17, 2005

Oscar Castro: el poeta narrador de Rancagua

En su corta vida, Oscar Castro (1910-1947) alcanzó a construir un sendero literario sólido e intenso. Rancagua fue su ciudad y el lugar en que la inspiración del poeta hizo que de las letras surgieran olores a provincia, escudriñando en la existencia campesina popular. De esta manera, el poeta tiene un afán entrañable de transmitir las costumbres y pasiones de la gente del campo, a la vez que funda una obra que trasciende la mera descripción de paisajes y lenguaje popular.

En el trabajo de Oscar Castro existe una profunda sensibilidad social. Esto se observa con gran claridad en "La Vida Simplemente", novela en la que describe una realidad cruda en la que desfilan tipos humanos propios de un submundo que diariamente coexiste en las grandes urbes, entregándonos una narración limpia y sentida.

Asimismo, la mirada poética es un rasgo que cruza la obra de Castro. Más allá de la propia poesía, en la que podemos encontrar tributos a García Lorca o a Góngora, es esa sensibilidad entrañable la que le da un brillo especial a su inapelable habilidad narrativa. Así, "Comarca del Jazmín" sirve para ejemplificar esa vocación poética de la narración de Oscar Castro. En este libro la prosa tiene un sentimiento lírico notable: el poeta se confunde en la mirada de ese niño que descubre un mundo que es nuevo para él.

A su vez, textos poéticos de Oscar Castro fueron musicalizados. Veamos uno de los más conocidos:

Oración para que no me olvides

Yo me pondré a vivir en cada rosa
y en cada lirio que tus ojos miren
y en todo trino cantaré tu nombre
para que no me olvides.

Si dormida caminas dulcemente
por un mundo de diáfanos jardines,
piensa en mi corazón, que por ti sueña,
para que no me olvides.

Y al contemplar llorando las estrellas
se te llena el alma de imposibles,
es que mi soledad viene a besarte
para que no me olvides.

Yo pintaré de rosa el horizonte
y pintaré de azul los alelíes
y doraré de luna tus cabellos
para que no me olvides.

Y si una tarde en un altar lejano,
de otra mano cogida, te bendicen,
cuando te pongan el anillo de oro
mi alma será una lágrima invisible
en los ojos de Cristo moribundo,
para que no me olvides.

En Rancagua, Oscar Castro fundó el movimiento literario "Los Inútiles", nombre que dista absolutamente de lo que ha significado su obra, cuyo valor literario nadie discute. Fue autor de "Camino en el Alba" (poemas, 1938), "Huellas en la Tierra" (cuentos, 1940), "Las Alas del Fénix" (romances sobre Rancagua, 1943), "Comarca del Jazmín" (novela, 1945), "Llampo de Sangre" (novela póstuma, 1950) y "La Vida Simplemente" (novela póstuma, 1951), entre otros.

miércoles, noviembre 09, 2005

El trapecista

Lo vi pasar mientras se abría el portón del condominio. Más allá quedó en el suelo. Agotado de tanta mañana equivalente. Ahí quedó, botado boca arriba, soñando consigo mismo. El portero llamó a la ambulancia y lo acompañó aunque descuidara sus funciones de esa mañana, equivalente a otras para él también. Lo miré de cerca, como si eso sirviera para algo. La mañana era equivalente para todos nosotros. Me fui al computador porque tenía pega atrasada. El trapecista de Congreso era el tema de fondo, emanado desde mi oficina, descendiendo como todos los días por las escaleras hasta rozar con la puerta de calle, para devolverse nuevamente a mi oficina que es un trapecio también.

viernes, noviembre 04, 2005

El violinista

Subí a ese micro a pesar de que no me servía mucho. En fin, mejor acercarme lo más posible a mi casa para salir luego de este sector. Así no más fue. Rápido y silencioso, sentado con la vista fija en ninguna parte, pensando en nada hasta que sentí nuevamente el mismo desvencijado acorde de un violín fatigado de tanta lucha callejera.

Me había librado antes de la perturbadora oscilación musical impuesta por notas medio inventadas y desabridas del violinista. Tenía mala suerte este tipo. Yo lo había visto antes y sabía que a cada bus que se subía acarreaba una cierta fatalidad. Claro que lo sabía. Bajo sus acordes habíamos chocado una vez en pleno centro. Pero yo no me iba a bajar en ese sector, sería mayor fatalidad aquella acción. Sobre todo de noche. Mejor seguía absorto en lo mismo de antes de escuchar los errabundos acordes, es decir, en nada, con la vista perdida y deseando en mi fuero más interno que el bus se apurara.

Sonaron las monedas. El chofer no se detuvo. Sonaron las monedas contra el suelo, sonaron más fuerte que la caída, que el violín destrozado, que la música adolorida, que el último desaliñado grito del viejo violín en el húmedo pavimento de la noche.

No muere el sueño