Marzo, aristas conocidas y desconocidas En este tiempo he estado un tanto alejado de la escritura en el blog, pues las aristas de marzo han impedido que me acerque a este espacio. Sin embargo, a modo de verificación de acontecimientos importantes, tanto o más que las cuentas, el trabajo, los estudios y más cuentas, hace unos días me dediqué a buscar algunos hechos ocurridos en este mes. Me encontré que el 2 de marzo de 1973 la editorial Quimantú publicó dos libros de Pablo Neruda, dignos de mejores causas por cierto, pues de poesía no hay mucho: Incitación al Nixonicidio y Alabanza de la revolución chilena. Un 5 de marzo de 1946 fallece el escritor Jenaro Prieto, autor de sabrosas novelas: Un muerto de mal criterio y El socio (libro mal utilizado en paganas actividades escolares). También un 5 de marzo de 1974 se publica Confieso que he vivido, un interesante anecdotario de Pablo Neruda. El 7 de marzo de 1952 se publica Hijo del salitre, muy buena novela del ilustre Volodia Teitelboim. El 10 de marzo aparece el libro de poemas Recogimiento, de Carlos Mondaca, un poeta de los olvidados, en esa sombra que crearon los grandes monstruos literarios chilenos. El 11 de marzo de 1973 murió Manuel Rojas. El 12 de marzo se publica el inmenso libraco antológico La selva lírica, de Julio Molina y Juan Agustín Araya, todo un clásico o una petulancia, según se mire. El mismo 12 de marzo se suicida Adolfo Couve, un gran escritor, muy fino, agudo, con un intenso poder metafórico. El 25 de marzo de 1910 nace Oscar Castro, rancagüino poeta. El 29 de marzo de 1993 muere Juan Luis Martínez, poderoso poeta de mucha influencia en la creación de los ochenta. Lamentablemente, este mes también está marcado por crueles asesinatos, los que hasta el día de hoy no tienen la tan necesaria justicia.
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miércoles, marzo 29, 2006
miércoles, marzo 01, 2006
Carlos Pezoa Véliz (1879-1908): “Mañana nadie se acordará de él”
Casi 29 años alcanzó a vivir Pezoa Véliz, un poeta relegado a veces a lecturas escolares y simplificado en su esencia poética. Es cierto que no vio en vida libros publicados, pero le dio a la lírica nacional un interesante aporte con sus poemas plenos de una conciencia social y una crítica aguda a la discriminación y a la indolencia frente al dolor de los más pobres.
Entre los que han escrito acerca de Pezoa Véliz, se encuentra Oscar Hahn, quien menciona que es el primer poeta chileno en conseguir establecer una voz propia de fisonomía inconfundible. En este sentido, si pensamos en poemas como “Nada”, “Tarde en el hospital”, “Entierro en el campo”, “El pintor Pereza”, entre otros, tal afirmación cobra una claridad objetiva, sobre todo si tomamos en cuenta que este poeta nace a la vida literaria en medio de un fuerte aire modernista, del cual muchos no lograron desprenderse.
Tarde en el hospital
Sobre el campo el agua mustia
cae fina, grácil, leve;
con el agua cae angustia;
llueve...
Y pues, solo en amplia pieza,
yazgo en cama, yazgo enfermo,
para espantar la tristeza,
duermo.
Pero el agua ha lloriqueado
junto a mí, cansada, leve;
despierto sobresaltado:
llueve...
Entonces, muerto de angustia,
ante el panorama inmenso,
mientras cae el agua mustia,
pienso.
Este poema es también de los clásicos de la literatura escolar, de aquellos textos que los profesores de castellano se encargaban de hacernos memorizar para luego repetirlos sin siquiera ingresar en su profundo significado. Vemos a un sujeto, solo, observando una realidad que es angustiante, más aun cuando llueve “agua mustia” (¿puede el agua ser mustia?). Hay en este poema una personificación del agua y una proyección del propio estado del poeta.
Hahn también señala que al enterrar a Carlos Pezoa Véliz, el diario Ilustrado expresó en una de sus notas que ya “mañana nadie se acordará de él”. Sin embargo, el tiempo se ha encargado de negar tal afirmación, incluso el poeta rockero Mauricio Redolés musicalizó el poema “Nada”, uno de los textos más conocidos de Carlos Pezoa Véliz. Si le hace justicia o no con su canto, no es lo importante, lo más trascendente es el reconocimiento hacia uno de los poetas que marcaron un hito en el camino que ha permitido que la gran poesía nacional fluya y crezca.
Casi 29 años alcanzó a vivir Pezoa Véliz, un poeta relegado a veces a lecturas escolares y simplificado en su esencia poética. Es cierto que no vio en vida libros publicados, pero le dio a la lírica nacional un interesante aporte con sus poemas plenos de una conciencia social y una crítica aguda a la discriminación y a la indolencia frente al dolor de los más pobres.
Entre los que han escrito acerca de Pezoa Véliz, se encuentra Oscar Hahn, quien menciona que es el primer poeta chileno en conseguir establecer una voz propia de fisonomía inconfundible. En este sentido, si pensamos en poemas como “Nada”, “Tarde en el hospital”, “Entierro en el campo”, “El pintor Pereza”, entre otros, tal afirmación cobra una claridad objetiva, sobre todo si tomamos en cuenta que este poeta nace a la vida literaria en medio de un fuerte aire modernista, del cual muchos no lograron desprenderse.
Tarde en el hospital
Sobre el campo el agua mustia
cae fina, grácil, leve;
con el agua cae angustia;
llueve...
Y pues, solo en amplia pieza,
yazgo en cama, yazgo enfermo,
para espantar la tristeza,
duermo.
Pero el agua ha lloriqueado
junto a mí, cansada, leve;
despierto sobresaltado:
llueve...
Entonces, muerto de angustia,
ante el panorama inmenso,
mientras cae el agua mustia,
pienso.
Este poema es también de los clásicos de la literatura escolar, de aquellos textos que los profesores de castellano se encargaban de hacernos memorizar para luego repetirlos sin siquiera ingresar en su profundo significado. Vemos a un sujeto, solo, observando una realidad que es angustiante, más aun cuando llueve “agua mustia” (¿puede el agua ser mustia?). Hay en este poema una personificación del agua y una proyección del propio estado del poeta.
Hahn también señala que al enterrar a Carlos Pezoa Véliz, el diario Ilustrado expresó en una de sus notas que ya “mañana nadie se acordará de él”. Sin embargo, el tiempo se ha encargado de negar tal afirmación, incluso el poeta rockero Mauricio Redolés musicalizó el poema “Nada”, uno de los textos más conocidos de Carlos Pezoa Véliz. Si le hace justicia o no con su canto, no es lo importante, lo más trascendente es el reconocimiento hacia uno de los poetas que marcaron un hito en el camino que ha permitido que la gran poesía nacional fluya y crezca.
jueves, febrero 23, 2006
Todos íbamos a ser ingenieros
“Se necesita editor, experiencia en editoriales, buena redacción y capacidad de análisis de textos, buen manejo de las relaciones interpersonales, de preferencia ingeniero comercial o civil industrial, pero que sea ingeniero; no nos sirve un periodista o un licenciado en literatura, porque conocen mucho de producción editorial y poco de números. Así que no se les ocurra postular, recuerden que la cultura es una industria”.
“Se necesita jefe de comunicaciones, con manejo de medios, relaciones con agencias, organización de diario mural, intranet, revista institucional, etc. Abstenerse de postular periodistas, porque a pesar de que sean expertos en el tema, lo que necesitamos como empresa es tener ingenieros y este cargo no es la excepción. Por favor no insistan”.
“Se necesita encargado de comunicación estratégica. No postular periodistas, por favor”.
“Se necesita relacionador público para importante empresa minera. Sólo ingenieros comerciales que al menos sepan expresarse correctamente en público”.
“Diario pobre pero honrado necesita periodistas, el sueldo alcanza para la movilización mensual y tres almuerzos a la semana”.
“Se necesita editor, experiencia en editoriales, buena redacción y capacidad de análisis de textos, buen manejo de las relaciones interpersonales, de preferencia ingeniero comercial o civil industrial, pero que sea ingeniero; no nos sirve un periodista o un licenciado en literatura, porque conocen mucho de producción editorial y poco de números. Así que no se les ocurra postular, recuerden que la cultura es una industria”.
“Se necesita jefe de comunicaciones, con manejo de medios, relaciones con agencias, organización de diario mural, intranet, revista institucional, etc. Abstenerse de postular periodistas, porque a pesar de que sean expertos en el tema, lo que necesitamos como empresa es tener ingenieros y este cargo no es la excepción. Por favor no insistan”.
“Se necesita encargado de comunicación estratégica. No postular periodistas, por favor”.
“Se necesita relacionador público para importante empresa minera. Sólo ingenieros comerciales que al menos sepan expresarse correctamente en público”.
“Diario pobre pero honrado necesita periodistas, el sueldo alcanza para la movilización mensual y tres almuerzos a la semana”.
lunes, febrero 13, 2006
Del amor, el día de los enamorados y la publicidad
Amor, amor, amor. Todo es amor. Y poesía, debo agregar, de contrabando, por si acaso alguien se acuerda de que la poesía tiene mucho amor en su esencia. También tengo que decir que Dios es amor. Lo digo por si las moscas, pues de repente alguien se acerca a El (de pasada aunque sea). Los enamorados tienen amor, del bueno y del otro también, total hay que probar antes de elegir en forma definitiva. Yo estoy profundamente enamorado. Y eso que llevo siete años de matrimonio.
Celebramos el día de los enamorados, es decir, la publicidad liberal nos agobia con ciertos mensajes segmentados y muy bien elaborados. Pero celebramos el día de los enamorados, como sea, conjugando alientos, palabras, miradas, con las manos entrelazadas, dibujando el nombre del ser amado en la entraña más profunda de nuestra alma. Hay amor en el aire y eso se celebra.
Debo confesar que nunca he creído en estos inventos de la publicidad; pero juego igual sabiendo que hago trampa, pues no hace falta este día para recordarme que estoy enamorado y que tengo que manifestarlo de alguna forma.
Amor, amor, amor. Todo es amor. Y poesía, debo agregar, de contrabando, por si acaso alguien se acuerda de que la poesía tiene mucho amor en su esencia. También tengo que decir que Dios es amor. Lo digo por si las moscas, pues de repente alguien se acerca a El (de pasada aunque sea). Los enamorados tienen amor, del bueno y del otro también, total hay que probar antes de elegir en forma definitiva. Yo estoy profundamente enamorado. Y eso que llevo siete años de matrimonio.
Celebramos el día de los enamorados, es decir, la publicidad liberal nos agobia con ciertos mensajes segmentados y muy bien elaborados. Pero celebramos el día de los enamorados, como sea, conjugando alientos, palabras, miradas, con las manos entrelazadas, dibujando el nombre del ser amado en la entraña más profunda de nuestra alma. Hay amor en el aire y eso se celebra.
Debo confesar que nunca he creído en estos inventos de la publicidad; pero juego igual sabiendo que hago trampa, pues no hace falta este día para recordarme que estoy enamorado y que tengo que manifestarlo de alguna forma.
miércoles, febrero 08, 2006
Descanso veraniego
Mis vacaciones fueron en Chillán. No en la ciudad propiamente tal, sino que en un tranquilo lugar a 25 kilómetros en el camino a las termas. Hace tiempo que no visitaba ese lugar, creo que pasaron nueve o diez años ya desde la última vez; no tenía hijos y estaba soltero.
Ahora fue diferente. Aunque igual recorrí conventos, museos, mercados, pueblitos cercanos, la catedral. Y aproveché de comenzar a enseñarle a nadar a mis hijos. Es el ritual del verano. Tal como lo hicieron conmigo, hoy lo hago con ellos.
Fue diferente porque ahora veraneo con mi familia y vuelvo a aquellos lugares que antes visité de soltero. Es súper entretenido. Es otra forma de contar la historia personal de cada uno y construirla en familia nuevamente.
Pan amasado y leche de vaca todas las mañanas. Melones, sandías y duraznos. Miel. Quesillos. Aerobox. Televisión Satelital (reconozco este pecado). El celular estaba apagado la mayoría del tiempo. Me resistí a buscar un cibercafé. Lo rural fue un bálsamo para todos. El tiempo y las circunstancias nos pasaron por el lado y no nos preocupamos de nada. Estaban buenos los asados y las longanizas.
Descubrí un maravilloso espectáculo con mis hijos, cuando muy temprano nos levantábamos a ver cómo jugaban los conejos fuera de la casa en la que estábamos. Conejos silvestres muy ágiles e histriónicos. Les inventé un cuento a los niños acerca de esos animalitos. Todas las mañanas nos reuníamos para ver a los conejitos.
Todo muy simple; todo muy mágico.
lunes, enero 16, 2006
Los pasos perdidos
Carpentier se me viene a la memoria. El tiempo transcurre como si nada por nuestro lado y viajamos al pasado con sólo salirnos de las encementadas calles de nuestro Santiago. Hacia la montaña. Hacia el bosque. Rumbo a nuestra propia historia que late en cada paso que dimos y sobre los cuales volvemos a veces y otras sencillamente borramos de nuestros recuerdos.
Recuerdo el aroma a paltas y chirimoyas. Paltas muy frescas; las chirimoyas no me gustan tanto. Y una acequia y muchas moras. El río Aconcagua gritando fuerte y yo tratando de aprender a nadar. Debo haber tenido casi cinco años. El río gritaba fuerte y las moras tenían buen sabor. El aroma a vegetación y el sonido del agua. Nosotros en el río. El verano.
Recuerdo un tren. Parece que vamos de Quillota a San Felipe y mi tía está en la estación. Mi hermano salta en el vagón y el tren muy viejo. Casi no tiene luces en los vagones. Miel y pan amasado. Conejos. Una cuchara que aún guardo. Esa tía ya no está hace tiempo.
Recuerdo San Felipe. Año 2000. La municipalidad. Juan Cameron, gran poeta, primer lugar; Yo, poeta desconocido, en el segundo lugar del premio municipal de San Felipe. Luego de la ceremonia recorro las calles de San Felipe en busca de esos pasos del niño que algún día fui.
La poesía me hizo volver sobre esos pasos. Año 2006. La poesía. Aún.
Carpentier se me viene a la memoria. El tiempo transcurre como si nada por nuestro lado y viajamos al pasado con sólo salirnos de las encementadas calles de nuestro Santiago. Hacia la montaña. Hacia el bosque. Rumbo a nuestra propia historia que late en cada paso que dimos y sobre los cuales volvemos a veces y otras sencillamente borramos de nuestros recuerdos.
Recuerdo el aroma a paltas y chirimoyas. Paltas muy frescas; las chirimoyas no me gustan tanto. Y una acequia y muchas moras. El río Aconcagua gritando fuerte y yo tratando de aprender a nadar. Debo haber tenido casi cinco años. El río gritaba fuerte y las moras tenían buen sabor. El aroma a vegetación y el sonido del agua. Nosotros en el río. El verano.
Recuerdo un tren. Parece que vamos de Quillota a San Felipe y mi tía está en la estación. Mi hermano salta en el vagón y el tren muy viejo. Casi no tiene luces en los vagones. Miel y pan amasado. Conejos. Una cuchara que aún guardo. Esa tía ya no está hace tiempo.
Recuerdo San Felipe. Año 2000. La municipalidad. Juan Cameron, gran poeta, primer lugar; Yo, poeta desconocido, en el segundo lugar del premio municipal de San Felipe. Luego de la ceremonia recorro las calles de San Felipe en busca de esos pasos del niño que algún día fui.
La poesía me hizo volver sobre esos pasos. Año 2006. La poesía. Aún.
lunes, enero 09, 2006
Every little thing she does is magic
Unidos en lo más íntimo de nuestra esencia caminamos por las calles, mirando y escuchando y riendo, siempre unidos. Siempre. Ella es la amada, el nombre adherido a los filamentos de mi alma. Es magia. Es la fuerza. Con ella construyo el mundo que pueblan mis ideas y en el que juegan las miradas de nuestros hijos. Ella abarca más allá de todo lo que yo pudiera imaginar en mi vida. Es magia. Convierte todo lo que mira en pura belleza. Es la espada de mi costado. Es la paloma, un alelí, la inmensa verdad.
Nada se mueve sin ella y todo deja de ser música cuando está lejos.
Unidos en lo más íntimo de nuestra esencia caminamos por las calles, mirando y escuchando y riendo, siempre unidos. Siempre. Ella es la amada, el nombre adherido a los filamentos de mi alma. Es magia. Es la fuerza. Con ella construyo el mundo que pueblan mis ideas y en el que juegan las miradas de nuestros hijos. Ella abarca más allá de todo lo que yo pudiera imaginar en mi vida. Es magia. Convierte todo lo que mira en pura belleza. Es la espada de mi costado. Es la paloma, un alelí, la inmensa verdad.
Nada se mueve sin ella y todo deja de ser música cuando está lejos.
jueves, diciembre 29, 2005
Lo que no hice y mis predicciones que no se cumplirán
Termina el año 2005. Hay varias cosas que no hice. Bueno siempre hay cosas que no hacemos, puertas que no abrimos, jardines que no recorrimos, pájaros que no escuchamos, sonrisas que no respondimos, verdades que no dijimos, mentiras que no descubrimos, tiempos que no ocupamos y que quedaron por ahí detrás de alguna de esas puertas que no abrimos, como una posibilidad latente. Yo no hice, tú no hiciste, él no hizo… Tampoco leí todos los libros que hubiera querido, ni vi todas las películas que me interesaba ver. La lista es enorme.
Las predicciones que no se cumplirán para el 2006 son tan simples como decir que vamos a hacer todo lo que no hicimos en el 2005. Sólo me queda suspirar. Bienvenido el nuevo año y las nuevas sendas y todas esas cosas que se nos vienen de repente.
Además predigo que los fondos concursables en el área literaria serán ganados por toda la gente que nunca los ha ganado. Me incluyo. En una de esas…
Feliz Año Nuevo
Termina el año 2005. Hay varias cosas que no hice. Bueno siempre hay cosas que no hacemos, puertas que no abrimos, jardines que no recorrimos, pájaros que no escuchamos, sonrisas que no respondimos, verdades que no dijimos, mentiras que no descubrimos, tiempos que no ocupamos y que quedaron por ahí detrás de alguna de esas puertas que no abrimos, como una posibilidad latente. Yo no hice, tú no hiciste, él no hizo… Tampoco leí todos los libros que hubiera querido, ni vi todas las películas que me interesaba ver. La lista es enorme.
Las predicciones que no se cumplirán para el 2006 son tan simples como decir que vamos a hacer todo lo que no hicimos en el 2005. Sólo me queda suspirar. Bienvenido el nuevo año y las nuevas sendas y todas esas cosas que se nos vienen de repente.
Además predigo que los fondos concursables en el área literaria serán ganados por toda la gente que nunca los ha ganado. Me incluyo. En una de esas…
Feliz Año Nuevo
miércoles, diciembre 21, 2005
Solsticio
Quieto. La luz inunda los espacios, arrobando la mirada. El carrusel inicia su camino y vuelve una y otra vez, permaneciendo. Hay un sonido inmenso en esa luz. Son intensas las pisadas. El ciruelo está crecido y sus frutos en el suelo, esperando. Las grietas florecen nuevamente. Todo está quieto.
Quieto. La luz inunda los espacios, arrobando la mirada. El carrusel inicia su camino y vuelve una y otra vez, permaneciendo. Hay un sonido inmenso en esa luz. Son intensas las pisadas. El ciruelo está crecido y sus frutos en el suelo, esperando. Las grietas florecen nuevamente. Todo está quieto.
sábado, diciembre 17, 2005
Parte de mi poética cotidiana
Esta semana fue agitada. El jueves 15 de diciembre se graduó mi hija del jardín infantil. El viernes 16 se licenció mi hijo de kínder. Ella caminó por el pasillo del auditórium. Tranquila y mirando a su tía. Yo estaba agachado en el pasillo y encontré sus ojos, fue una foto hermosa y ella se detuvo frente a mí y me dio un gran beso mientras la tía se desesperaba porque mi hija se salía del protocolo. Fue un gran momento.
El viernes me ubiqué muy cerca del escenario para sacar mejores fotos de mi hijo. Yo no contaba con que él iba a ser premiado como alumno destacado de su generación. No lo sabía. Ni siquiera él lo sabía. Las tías guardaron silencio y sólo supe cuando hicieron la premiación. No pude contener la emoción al verlo subir corriendo por la escalera mientras hablaban de sus logros; los logros de un niño de cinco años. Apenas saqué las fotos corrí a abrazarlo y darle un millón de besos y le dije al oído que lo quería mucho y él me dijo “yo también, papito”.
Sé que todo este comentario es algo simple, pero para mí tiene su consonancia en la poética que vivimos con mis hijos. La cotidianidad nos da fuerza y nos une. Mi hija es una princesa y mi hijo quiere que le regale todos los libros de mi biblioteca. Juntos inventamos historias y vivimos fantásticas aventuras, viajes a la selva, a la montaña, al espacio. Leemos e inventamos cuentos, hacemos compromisos y nos cobramos fieramente la palabra. Son mis ojos y mi alma y mi motivo.
Esta semana fue agitada. El jueves 15 de diciembre se graduó mi hija del jardín infantil. El viernes 16 se licenció mi hijo de kínder. Ella caminó por el pasillo del auditórium. Tranquila y mirando a su tía. Yo estaba agachado en el pasillo y encontré sus ojos, fue una foto hermosa y ella se detuvo frente a mí y me dio un gran beso mientras la tía se desesperaba porque mi hija se salía del protocolo. Fue un gran momento.
El viernes me ubiqué muy cerca del escenario para sacar mejores fotos de mi hijo. Yo no contaba con que él iba a ser premiado como alumno destacado de su generación. No lo sabía. Ni siquiera él lo sabía. Las tías guardaron silencio y sólo supe cuando hicieron la premiación. No pude contener la emoción al verlo subir corriendo por la escalera mientras hablaban de sus logros; los logros de un niño de cinco años. Apenas saqué las fotos corrí a abrazarlo y darle un millón de besos y le dije al oído que lo quería mucho y él me dijo “yo también, papito”.
Sé que todo este comentario es algo simple, pero para mí tiene su consonancia en la poética que vivimos con mis hijos. La cotidianidad nos da fuerza y nos une. Mi hija es una princesa y mi hijo quiere que le regale todos los libros de mi biblioteca. Juntos inventamos historias y vivimos fantásticas aventuras, viajes a la selva, a la montaña, al espacio. Leemos e inventamos cuentos, hacemos compromisos y nos cobramos fieramente la palabra. Son mis ojos y mi alma y mi motivo.
miércoles, diciembre 14, 2005
Las vueltas a veces no dejan
Como todo ciudadano inscrito, realicé mi votación en conciencia aquel día 11 de diciembre de 2005. Se me ocurrió ir al mediodía para evitar cualquier fila eventual que según mi experiencia se producía a primera hora en mi mesa. Afortunadamente el local de votación al cual voy está ubicado muy cerca de mi casa de origen, lo que facilita mis actividades cívicas, pues dejo a mis hijos con mi mamá y luego voy a votar.
La fila era larga y más larga la espera bajo el sol. Y más larga todavía sin haber tomado desayuno confiado en que el trámite era corto.
Mi consuelo fue haber votado en conciencia. Aunque ya a esa altura me daba exactamente lo mismo el voto, quería irme a mi casa a darme una ducha.
Luego me dispuse a escuchar las noticias, los boletines uno tras otro anunciaban la segunda vuelta y con ella se me vino de golpe la imagen de la sala abarrotada, una fila extensa y el sol zapateando con fuerza en la cabeza. No podemos seguir votando de esta forma. Hasta cuándo nos obligan a participar de un acto arcaico y más encima oneroso.
Hoy en la mañana escuché conceptos técnicos y económicos que me dieron risa. Un periodista hablaba con Juan Ignacio García de los costos de las votaciones. Y sin siquiera arrugarse contaban los miles de millones de pesos que cuesta el tema, incluso la segunda votación (así se llama), que cuesta el tercio de lo que cuesta la primera votación, alcanza casi a los dos mil millones de pesos.
Qué mundo, qué profundo perejil.
Como todo ciudadano inscrito, realicé mi votación en conciencia aquel día 11 de diciembre de 2005. Se me ocurrió ir al mediodía para evitar cualquier fila eventual que según mi experiencia se producía a primera hora en mi mesa. Afortunadamente el local de votación al cual voy está ubicado muy cerca de mi casa de origen, lo que facilita mis actividades cívicas, pues dejo a mis hijos con mi mamá y luego voy a votar.
La fila era larga y más larga la espera bajo el sol. Y más larga todavía sin haber tomado desayuno confiado en que el trámite era corto.
Mi consuelo fue haber votado en conciencia. Aunque ya a esa altura me daba exactamente lo mismo el voto, quería irme a mi casa a darme una ducha.
Luego me dispuse a escuchar las noticias, los boletines uno tras otro anunciaban la segunda vuelta y con ella se me vino de golpe la imagen de la sala abarrotada, una fila extensa y el sol zapateando con fuerza en la cabeza. No podemos seguir votando de esta forma. Hasta cuándo nos obligan a participar de un acto arcaico y más encima oneroso.
Hoy en la mañana escuché conceptos técnicos y económicos que me dieron risa. Un periodista hablaba con Juan Ignacio García de los costos de las votaciones. Y sin siquiera arrugarse contaban los miles de millones de pesos que cuesta el tema, incluso la segunda votación (así se llama), que cuesta el tercio de lo que cuesta la primera votación, alcanza casi a los dos mil millones de pesos.
Qué mundo, qué profundo perejil.
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El primer manifiesto AGU Tal como algunos comentarios al anterior post lo han señalado, salvo por el poema creado por Pablo Neruda “Alberto ...