lunes, diciembre 04, 2006

Mi primer diente

Cuando uno es niño se ve enfrentado a varios acontecimientos, pero uno de los que siempre nos vamos a acordar es el hecho de comenzar a cambiar los dientes de leche. Yo recuerdo que se soltaban inesperadamente, como pruebas irrefutables de nuestro crecimiento. Y recuerdo también que los ayudábamos a soltarse y a veces los tironeábamos para que salieran de una vez. Había un poco de sangre; no todo era muy limpio. Había un poco de dolor; poquito; un poco de miedo. Había entusiasmo, no sé por qué si nos veíamos tan feos sin dientes.

Mi mamá guardaba los dientes en un frasco en su dormitorio. Incluso mis muelas del juicio estaban ahí. Ese frasco ahora es leyenda.

Mi hijo comenzó el camino de los dientes nuevos y conversamos harto rato antes de sacarle el diente que tenía suelto. En realidad, ya se lo había extraído y seguíamos conversando, pero él no se dio cuenta. Le saqué fotos. Le conté varias historias de cómo había cambiado yo los dientes. Nos reímos. Su hermana ya está preparada para el próximo año y así me lo dijo y además sabe que tiene que dejar el diente debajo de la almohada. Ella tiene todo pensado desde mucho antes. Tiene cinco años y ya me dijo que quería hacer clases e ir a la universidad y enseñar por todo el mundo. Nos reímos.

lunes, noviembre 20, 2006

An affair to remember
El le contó la historia y ella luego le dijo que la había estafado. Que todo lo que le había dicho estaba en la película An affair to remember. ¿Algo para recordar?, pregunto él; sí, le dijo ella, muy cortante. El no tenía idea de que su historia estaba en otras historias y seguramente otros contarían la misma historia en otro tiempo y alguien vería de nuevo la película y diría: “todo lo que me dijo él está en un guión de una película vieja y melodramática, qué estafador es este tipo”.

Qué se puede decir, las películas están ahí como un cierto reflejo de algunas historias que se repiten una y otra vez en la vida común y corriente de las personas. Eso sí, un tanto exacerbadas, un tanto exageradas, un tanto distorsionadas. Pero hay ciertos ecos, pisadas que nos hacen sentido y consonamos en las imágenes y nos hacemos parte de ellas.

Aunque él se decía a sí mismo que no le había contado la historia de Algo para Recordar, sino que le contó una breve historia de un momento en la vida de alguien que comenzaba a caminar en el mundo de la esperanza y la desesperanza, ahí en la incertidumbre de lo que ocurriría el día de mañana. No era una estafa, se decía él, aunque así hubiera sonado.

miércoles, noviembre 15, 2006

Ensayo

Inquietud quizás miradas quizás un beso
Después las manos y tus ojos
Tu aroma adormecido en mis entrañas
Quizás sólo un beso y nada más
Nada más que seguir en lo que hacíamos
Sin la extraña mordedura en el ocaso de un día
En la incierta petición de un simple beso
Entretejido desde el fondo de mí mismo con tu nombre

domingo, octubre 22, 2006

El libro de los afectos

Cuando tomé el libro que trajo mi hijo Cristóbal, leí que en su portada decía “Libro de los Afectos” y en su interior había una pequeña introducción en la que indicaba que éste era un espacio en el que guardaría un parte de su niñez, a la que ojalá pudiera volver siempre que quisiera.

Con mucha curiosidad abrí el libro para hojearlo y dar un vistazo al contenido. Allí estaba él relatando sus historias de infancia, de su primera infancia, con una asombrosa madurez para un niño de apenas seis años. Nos describía a nosotros, sus afectos, sus sueños, sus modelos de conducta. Allí estaba él retratado a través de su propio relato, en una historia en la que me vi yo mismo a través de sus ojos.

Me dedicó muchas frases en su libro, llenas de amor, llenas de orgullo, también habló acerca de la familia, de su hermana, de su mamá y su alegría de ser hijo nuestro. El libro de los afectos me devolvió mi propia niñez, mis sueños, mis alegrías, mis esperanzas. También me puso en mi rol de padre, en relación con mis hijos y todo adquiere un nuevo sentido. No hay una universidad en la que uno se gradúe de papá; pero ahí están nuestros propios hijos como prueba de nuestra labor como padres.

Las risas y las lágrimas se juntaron en mi rostro. Luego, al acostarlo, como todos los días, le di un beso y un abrazo, y le di las gracias por enseñarme lo maravilloso que es el mundo con ellos.

jueves, octubre 12, 2006

El Premio Nobel se lo doy a Nicanor Parra

A pesar de que el ganador oficial del año 2006 sea otro y a pesar de que la consabida amalgama de la política haya adornado las calles de Estocolmo con su presencia nuevamente, yo le doy el Premio Nobel a Nicanor Parra.

El se lo merece, caray que se lo merece. ¿O acaso hay alguna duda? Después de Mistral y Neruda, Nicanor Parra era a gritos quien merecía recibir el premio.

En esta oportunidad, el novelista turco Orhan Pamuk, de 54 años, fue el galardonado. Si bien los merecimientos de este escritor son varios, no alcanzan todos ellos la altura de la obra de Nicanor Parra, cuya influencia poética no sólo tiene base en Chile y Latinoamérica, sino que en todo el mundo y esto no es palabrería de marketing, los artículos, los libros, las obras poéticas, los tributos, los seminarios, las tesis y un largo etcétera están ahí como prueba para quien quiera descubrir por qué Parra merecía el Nobel.

Parra nos ha legado una obra fundacional, inaugurando un mundo de nuevos significados en el que la poesía se nos hizo irónicamente real.

Probablemente si Parra se hubiera dado maña para salir a recorrer las ciudades del mundo y deambular dictando cátedras sobre la paz y la política y la construcción de un mejor mundo, hubiera tenido alguna remota posibilidad de llevarse el premio. Pero eso es difícil a sus más de noventa años y más difícil también sería pensar en que alguien como Parra acudiría a hiperventilarse por la rutilante senda de los postulantes al Nobel.

Sin embargo, en este simple acto en algún lugar de Santiago de Chile, yo le otorgo el Premio Nobel a Nicanor Parra y renuevo en este mismo acto mi admiración por su inmensa obra. Así sea.

miércoles, septiembre 27, 2006

La débil palabra


(“El día de los desventurados, el día pálido se asoma”, Pablo Neruda)

La débil palabra en esa puerta
que entreabre sus entrañas

al silencio aquel de los vagabundos
débiles del alba acumulados en las esquinas húmedas
llenas de promesas rotas
de otras palabras que juraron seguir siempre aquel camino
La exigua huella
destiñendo las pisadas hasta borrarlas en su origen
Allí las manos vacías de presagios
destinadas a encontrar alguna pista de su propia historia
Allí en el umbral
desenfundando el tacto ante lo hablado
y maldiciendo

lunes, septiembre 11, 2006

La Moneda en llamas

Santiago, 10 de septiembre de 2006.- Llamas surgen de las ventanas del Palacio de La Moneda, por Morande 80, mientras una turba de encapuchados lanza consignas contra el gobierno y la oposición.

La anarquía baila por las veredas y las calles del centro de Santiago. Alguien da una entrevista a quemarropa y con el rostro descubierto. No están de acuerdo con el oficialismo ni la oposición, ni con nadie. A decir verdad, en el último tiempo yo tampoco he estado de acuerdo con el oficialismo y menos con la oposición.

Les dicen infiltrados. El gobierno usa la misma palabra que alguien usó alguna vez contra ellos. Los infiltrados no están contentos. Hay de todo, es cierto, algunos mucho más violentos que otros, tal vez con el tejo un poco pasado. Pero alguien tiene que reclamar y desquitarse. Saltar y gritar y patear y romper la uniformidad. Reclamar y dejar de dormir. Gritar y patear y molestarse para que nos demos cuenta de que aún estamos vivos y que el mundo puede ser un poco mejor.

martes, agosto 22, 2006

Yo te premio porque quiero hacerlo y punto

A propósito de premios nacionales y otros premios menores, becas, puestos de confianza y un largo etcétera, que incluye una anticensura para un antipoeta, tal vez sería mejor que fuéramos más sinceros y diéramos nuestro veredicto fundamentado en lo que realmente queremos decir: “Te doy el premio porque quiero hacerlo y punto”.

Para que seguir con patillas, como dijo el ex presidente Aylwin. Bueno o malo cada escritor tiene su obra, cada profesional tiene su carrera y así sucesivamente. El hecho es quién pesa más, quién trasciende más, quién aporta más, quién dice algo más allá de lo que ya está dicho.

De los candidatos, todos narradores según el turno (algo absurdo de principio a fin), salió elegido alguien que sin duda tiene carrera literaria, pero también tiene carrera periodística y tal vez a nadie le habría parecido extraño que hubiera sido premiado en periodismo en lugar de literatura. Pero por qué le dieron éste. Se lo dieron y punto. Qué más pueden decir, ¿pueden apelar a que su obra es mejor o más contundente que la de German Marín o incluso que la de Diamela Eltit?

Sin duda José Miguel Varas tiene merecimientos, hizo historia, con valor y dedicación. Hizo historia. ¿Ha hecho literatura? Sí, tiene su obra, la tiene, qué duda cabe. ¿Premio Nacional?

¿Por qué no se lo dieron en su momento a María Luisa Bombal? Seguramente le faltaba peso, porque no tenía muchos libros. Aunque siguiendo esa lógica, podríamos pensar que el próximo narrador que tuviera derecho al premio sería Lafourcade, pues tiene un montón de libros y todos juntos deben pesar un par de kilos. Vaya peso de obra que debe tener.

Se lo dieron a José Miguel Varas y punto. Fírmese y archívese.

sábado, agosto 19, 2006

Enterradlos con o sin honores, pero aseguraos de que el suelo no sea fértil. No vaya a ser cosa que ellos broten nuevamente

¿Quién mato a Juan Pérez o John Smith? Todos lo sabemos. De a poco se han descubierto las pistas, que estaban ahí, a vista y paciencia de todos.

¿Se puede tapar el sol con una mano? No, pero se intentó mucho tiempo, incluso se llegó a una especie de eclipse consensuado, en que el sol no aparecía claramente y la luz de la verdad estaba oculta bajo un manto lábil pero permanente, afirmado en falacias evidentes.

Hay una pléyade de caballeros que hicieron de las suyas. En todas partes había uno. Se están muriendo. Los años les pasan la cuenta; curiosamente es el tiempo el que se encarga de llevárselos y no la justicia.

Bueno, por algo la justicia es ciega, aunque sólo con algunos, porque se ha encargado de unos pocos caballeritos sin mucho peso específico; salvo uno, que está por ahí encerrado desparramando su ira y reclamando su inocencia, a cambio de la verdad acerca del caballero mayor, que está que se va para el otro mundo.

No obstante, la mayoría de estos caballeros mueren en sus casas, tranquilos, viendo la televisión, recordando su gran vida, su inmensa labor por el bien de la sociedad. Así mueren, incólumes.

viernes, agosto 04, 2006

Una carta secreta

Michelle escribió una carta a Néstor. Estaban los dos medio enojados por una cuestión que pasó entre ellos; él tenía problema de gases y ella recibió todo el impacto de los mismos. Entonces Michelle se enojó y tomó el lápiz y les dijo a todos que iba a escribirle algo a Néstor para que viera el tema de los gases porque ella no lo iba a aguantar otra vez.

El se hizo el loco, pero ella volvió a decir que estaba escribiendo algo muy pesado para que la relación fuera más civilizada y respetuosa, pues los amigos no se separan por los problemas con los gases; sin embargo tampoco se puede aguantar que alguien no haga ningún esfuerzo por controlar los gases.

Y Michelle la escribió. Néstor la leyó con la mirada perdida, extraviada. Estaba desparramado en su escritorio cuando la leyó, sintiendo que los gases subían y bajaban.

Luego Néstor la respondió. Y Michelle la leyó, con la mano en la nariz, muy apretada.

miércoles, agosto 02, 2006

¿Qué pasa, Fidel?

La revolución cubana fue un evento que causó expectación en estas latitudes y las miradas de los viejos calamares imperialistas se tornaron acuciosas, sacando cuentas, formulando hipótesis, estableciendo dictaduras para consolidar el equilibrio básico que se requería ante la inminencia del avance izquierdista.
Bueno o malo, Fidel ha superado innumerables contratiempos, desabastecimiento, aislamiento, malos humores. Ha resistido los embates posteriores a la caída del mundo soviético con bastante creatividad y ahí está todavía, después de tantos años, después de tantos años, después de tantos años…
“Lo importante es que en el país todo marcha y marchará perfectamente bien”. El sabe que el fin está a la vuelta de la esquina. La verdad es que el fin lo alcanza a él y a su hermano y todos los veteranos revolucionarios del siglo pasado que forman su círculo más cercano. Hasta aquí todo está en calma. Las noticias de su enfermedad las maneja él mismo, al estilo de Fidel, como todo en la isla...
El viejo comandante Fidel es el último de su especie. El es el último hombre real de su especie; no una caricatura edulcorada y venida a menos como otros personajes que han aparecido en nuestro continente.
El siglo XXI se nos viene fuerte. Fidel, viejo, tranquilo, la isla tiene que seguir su rumbo. Seguramente las hamburguesas irrumpirán junto a las papas fritas y la coca cola, de una forma explícita y no bajo cuerda como ha sido hasta ahora. El turismo será tu fuerte y el paraíso socialista que soñaste será un gran resort donde los hijos de los viejos calamares se divertirán y agradecerán tu partida, tal vez visiten tu tumba o tu casa y se saquen fotos junto a tu recuerdo. Todos serán revolucionarios después de ti…
Así no más es, Fidel. ¿Cuál es el problema de decir qué pasa con tu enfermedad entonces? Si al final los gusanos roerán tu cuerpo y el de toda la isla también.

No muere el sueño