lunes, junio 04, 2007

En recuerdo de Eliana Navarro

El 5 de junio se cumple un año desde la sensible partida de la poeta Eliana Navarro. Recuerdo el llamado de mi amigo y profesor don Gustavo Donoso, golpeando en mi alma directamente con el anuncio de la muerte de alguien que yo pensaba que viviría para siempre, pues personas como ella son fuente de vida y poesía. Aunque no estaba tan equivocado, porque su palabra está viva aún, y lo seguirá estando, en todo lo que ella construyó a través de su decir poético.

Ella fue muy humilde como para ponerse a competir en la plaza de abastos y fue demasiado grande como para que la muerte seque el huerto de su palabra. Lejos de aquello, su canto florecerá una y otra vez y perdurará en el tiempo, como una suave brisa, cálida casi imperceptible, pero siempre presente.

Yo aún la veo cada vez que paso por el viejo edificio de la biblioteca del Congreso en Santiago. La veo del brazo de don José Miguel Vicuña, entrando al edificio, en un día de otoño, como éste. Y luego los recuerdo en el antiguo café Santos, los veo a los dos, riendo y hablando de poesía. También los veo en su casa, en el jardín, en su pequeño paraíso y la poesía siempre junto a ellos.

Una buena manera de saber que un poeta es grande es si volvemos o no a su obra y si esa obra nos dice algo nuevo cada vez. En tal sentido, quiero compartir un breve poema, “Lied”, que apareció en el libro “Antiguas voces llaman”, una obra a la que conviene volver de tanto en tanto:

LIED

Estás en mí. Desde mis ojos miras
estas suaves colinas en que flota la niebla.
Ausencia. Soledad. Cae la tarde.

Desnudo vaso tuyo: va tu sangre en mis venas.
Cruza el río el paisaje como un adiós, cansada voz eterna.
Como un río en mi sangre va tu sangre.
Juntos volvemos por la noche inmensa.

Su partida sin duda fue una pérdida mayor para nuestra república literaria, aquella misma en la cual ella tuvo que haber sido ungida con los más altos laureles. No fue así, pero el premio mayor está en su trascendencia, no por memorando ni decreto, sino que por su inmenso valor poético.