Ubi sunt
Y qué fue de aquello que pensamos
en el secreto de una tarde acumulada en la memoria
De aquella huella que alguna vez anduvimos
Del misterio en que nos adentramos quedamente
Qué fue de las miradas
De las horas
De los días contemplando aquel deseo
Qué fue de nosotros
Los elegidos
jueves, julio 27, 2006
lunes, julio 17, 2006
Récords de la Presidenta
Hasta el momento, la Presidenta ha establecido varios récords, partiendo por ser la primera Presidenta de Chile, todo un logro para un país machista como es el nuestro. En este contexto, el prematuro cambio de gabinete viene a ser un récord de dudable talento, sobre todo pensando en que los equipos de trabajo de este gobierno tienen muy poco tiempo para realizar sus tareas. No es bueno prejuzgar, pero queda en el aire la sensación de que se vienen más cambios, ¿Lagos Weber?
Otro de los récords irónicos es el que se desprende de la visita de la Presidenta a los habitantes de la zona de Chiguayante. Hace unos años, cuando era ministra de Lagos, Michelle Bachelet salió en un mowat a recorrer las calles de un país afectado y damnificado y esa imagen caló en las personas que vieron a una ministra comprometida con la gente; no obstante, ahora su visita a terreno no tuvo el mismo efecto ante un grupo de personas adoloridas y profundamente lastimadas por las catástrofes climáticas. De Presidenta no puedo repetir lo que hizo de ministra, ¿mala asesoría?, ¿por qué no funcionó ahora si antes resultó? En todo caso queda de manifiesto que en esta oportunidad la Presidenta se marcó sola. Otro récord puede ser el que se imponga ahora con Belisario Velasco y sus posibles informantes. Se me viene a la memoria otro tiempo, más gris y menos transparente de hace años. Los diarios empiezan a recoger las frases para el bronce de don Belisario. Se nota que hubo un cambio de gabinete y de estilo.
Un dato a considerar es la posible reacción que comience a desencadenar este cambio y futuros cambios de gabinete, pues la Presidenta puede alcanzar el récord de ser la primera militante de la Concertación que se diga a sí misma: “se acabó la Concertación, al menos en mi gabinete”. Pareciera estar a un paso de ser la manzana de la discordia…
¿No se pudo elegir con más tino al gabinete, pensando en el bien superior del país, para no estar haciendo estos cambios a medio morir saltando, después de grandes manifestaciones ciudadanas, encuestas poco favorables y bochornos en terreno donde la gente se ha sentido impelida a enrostrarle a la Presidenta su disconformidad y su impotencia?
No sé por qué la imagen de José Miguel Insulza se me viene a la memoria…
Hasta el momento, la Presidenta ha establecido varios récords, partiendo por ser la primera Presidenta de Chile, todo un logro para un país machista como es el nuestro. En este contexto, el prematuro cambio de gabinete viene a ser un récord de dudable talento, sobre todo pensando en que los equipos de trabajo de este gobierno tienen muy poco tiempo para realizar sus tareas. No es bueno prejuzgar, pero queda en el aire la sensación de que se vienen más cambios, ¿Lagos Weber?
Otro de los récords irónicos es el que se desprende de la visita de la Presidenta a los habitantes de la zona de Chiguayante. Hace unos años, cuando era ministra de Lagos, Michelle Bachelet salió en un mowat a recorrer las calles de un país afectado y damnificado y esa imagen caló en las personas que vieron a una ministra comprometida con la gente; no obstante, ahora su visita a terreno no tuvo el mismo efecto ante un grupo de personas adoloridas y profundamente lastimadas por las catástrofes climáticas. De Presidenta no puedo repetir lo que hizo de ministra, ¿mala asesoría?, ¿por qué no funcionó ahora si antes resultó? En todo caso queda de manifiesto que en esta oportunidad la Presidenta se marcó sola. Otro récord puede ser el que se imponga ahora con Belisario Velasco y sus posibles informantes. Se me viene a la memoria otro tiempo, más gris y menos transparente de hace años. Los diarios empiezan a recoger las frases para el bronce de don Belisario. Se nota que hubo un cambio de gabinete y de estilo.
Un dato a considerar es la posible reacción que comience a desencadenar este cambio y futuros cambios de gabinete, pues la Presidenta puede alcanzar el récord de ser la primera militante de la Concertación que se diga a sí misma: “se acabó la Concertación, al menos en mi gabinete”. Pareciera estar a un paso de ser la manzana de la discordia…
¿No se pudo elegir con más tino al gabinete, pensando en el bien superior del país, para no estar haciendo estos cambios a medio morir saltando, después de grandes manifestaciones ciudadanas, encuestas poco favorables y bochornos en terreno donde la gente se ha sentido impelida a enrostrarle a la Presidenta su disconformidad y su impotencia?
No sé por qué la imagen de José Miguel Insulza se me viene a la memoria…
viernes, julio 14, 2006
Negociando el ocio
Cada vez que me pongo a pensar en el tiempo de ocio, me doy cuenta de que, siguiendo la antigua polaridad ocio-negocio, estamos más pegados en un tiempo de negocio disfrazado de ocio. Ir al mall, ir al supermercado, ir a comer, ir al cine, ir allá, ir acá. Chatear a esta hora, robarle tiempo al trabajo, para el ¿ocio? del chat y un largo etcétera parecieran ser parte de lo mismo, en una realidad construida sobre la base de ciertas interacciones comunicacionales que rozan la sensación de las ondas marinas, por su afán de adormecimiento.
¿A qué vamos a los mall? Seguramente, como dirían los comunicólogos estudiosos del tema, vamos a los mall a estar en el mundo. Nos divertimos, compramos, vamos al cine, interactuamos con el mundo en un espacio evidentemente resignificado, en el que el consumo se torna amable e incluso socialmente aceptable. Allí en el mall o en el super o hiper mercado nos sentimos a nuestras anchas, en un ambiente que mezcla muchas perspectivas, en el que la hibridación de culturas nos hace transitar por pasillos en los que se exhibe el último producto diet y más allá las mermeladas artesanales no guiñan el ojo para que nos acerquemos.
A veces no me he dado ni cuenta que he pasado una tarde entera en el mall y para qué decir el supermercado. Incluso el blog es parte de lo mismo, aunque se me ocurre que aquí negociamos nuestro ocio, porque sabemos que resignificamos esta tecnología para hacerla nuestra y reconstruir este espacio con el fin de aportar nuestros textos para la construcción de un mejor mundo o al menos un mundo más pluridimensional y no tan narcotizante como el de los medios tradicionales.
Cada vez que me pongo a pensar en el tiempo de ocio, me doy cuenta de que, siguiendo la antigua polaridad ocio-negocio, estamos más pegados en un tiempo de negocio disfrazado de ocio. Ir al mall, ir al supermercado, ir a comer, ir al cine, ir allá, ir acá. Chatear a esta hora, robarle tiempo al trabajo, para el ¿ocio? del chat y un largo etcétera parecieran ser parte de lo mismo, en una realidad construida sobre la base de ciertas interacciones comunicacionales que rozan la sensación de las ondas marinas, por su afán de adormecimiento.
¿A qué vamos a los mall? Seguramente, como dirían los comunicólogos estudiosos del tema, vamos a los mall a estar en el mundo. Nos divertimos, compramos, vamos al cine, interactuamos con el mundo en un espacio evidentemente resignificado, en el que el consumo se torna amable e incluso socialmente aceptable. Allí en el mall o en el super o hiper mercado nos sentimos a nuestras anchas, en un ambiente que mezcla muchas perspectivas, en el que la hibridación de culturas nos hace transitar por pasillos en los que se exhibe el último producto diet y más allá las mermeladas artesanales no guiñan el ojo para que nos acerquemos.
A veces no me he dado ni cuenta que he pasado una tarde entera en el mall y para qué decir el supermercado. Incluso el blog es parte de lo mismo, aunque se me ocurre que aquí negociamos nuestro ocio, porque sabemos que resignificamos esta tecnología para hacerla nuestra y reconstruir este espacio con el fin de aportar nuestros textos para la construcción de un mejor mundo o al menos un mundo más pluridimensional y no tan narcotizante como el de los medios tradicionales.
lunes, julio 03, 2006
Dos docenas de estrellas
El domingo no pude ir al estadio, de hecho no quise, pues a pesar de que mis pequeños hijos y yo somos hinchas albos, no me atrevo a llevarlos a este tipo de eventos en los que suelen salirse de madre algunos grupos, provocando eventos poco afortunados que tienden a poner ciertas viñetas de terror a un espectáculo extraordinario como es el fútbol.
Ciertamente, me dediqué a ver la señal del cable y a traducirles a mis hijos, de 6 y 5 años, el momento tan especial que estábamos viviendo. La historia se inició temprano, después de la misa dominical, comenzamos a ver el desfile de banderas y gente vestida de blanco, una señal inequívoca de que nuestro equipo tenía que ganar, y que iba a ganar, sin duda.
Vivo en la comuna de La Florida y a las doce del día, en el paradero 14 de Vicuña Mackenna, confluían personas a pie y en auto, en camionetas, en buses, todos iban al estadio. Sonaban las bocinas y se elevaban los cánticos más combativos del albo. Seguro que Colo-Colo iba a ganar.
Los restoranes mejoraban su oferta con el partido de Colo-Colo con la Universidad de Chile a las 16.00 horas y en un gesto de altruismo futbolero luego abrían las ventanas y puertas y permitían que tanto parroquianos como espectadores furtivos atestaran esos lugares.
No jugó bien Colo Colo, debemos decirlo, humildemente; pero fue sólo un partido dentro de una campaña espectacular. No jugó bien el albo; sin embargo, se impuso cuando tuvo que hacerlo, con la mente y el corazón puestos en la estrella 24 de su historia.
El domingo no pude ir al estadio, de hecho no quise, pues a pesar de que mis pequeños hijos y yo somos hinchas albos, no me atrevo a llevarlos a este tipo de eventos en los que suelen salirse de madre algunos grupos, provocando eventos poco afortunados que tienden a poner ciertas viñetas de terror a un espectáculo extraordinario como es el fútbol.
Ciertamente, me dediqué a ver la señal del cable y a traducirles a mis hijos, de 6 y 5 años, el momento tan especial que estábamos viviendo. La historia se inició temprano, después de la misa dominical, comenzamos a ver el desfile de banderas y gente vestida de blanco, una señal inequívoca de que nuestro equipo tenía que ganar, y que iba a ganar, sin duda.
Vivo en la comuna de La Florida y a las doce del día, en el paradero 14 de Vicuña Mackenna, confluían personas a pie y en auto, en camionetas, en buses, todos iban al estadio. Sonaban las bocinas y se elevaban los cánticos más combativos del albo. Seguro que Colo-Colo iba a ganar.
Los restoranes mejoraban su oferta con el partido de Colo-Colo con la Universidad de Chile a las 16.00 horas y en un gesto de altruismo futbolero luego abrían las ventanas y puertas y permitían que tanto parroquianos como espectadores furtivos atestaran esos lugares.
No jugó bien Colo Colo, debemos decirlo, humildemente; pero fue sólo un partido dentro de una campaña espectacular. No jugó bien el albo; sin embargo, se impuso cuando tuvo que hacerlo, con la mente y el corazón puestos en la estrella 24 de su historia.
miércoles, junio 28, 2006
Qué podemos hacer y qué no podemos hacer
Supongamos que de pronto un supraeditor nos empieza a corregir lo que escribimos porque debemos mantener cierta coherencia textual y además cierta relación con el mundo que se supone tenemos de referencia allá afuera. ¿Qué pasaría? Obviamente tendríamos que empezar a caminar por la vereda de la verosimilitud y a editar desde cierta perspectiva más allá de la nuestra la realidad que nosotros queremos comunicar.
Si el supraeditor nos condujera editorialmente ya no seríamos una alternativa independiente para la construcción de una realidad que va entretejiendo realidades diferentes. Es cierto que a veces la entropía nos golpea la puerta, pero siempre van quedando los que tienen que quedar, los que tienen algo que decir, algo que comunicar. Siempre va quedando el lenguaje más fundamentado (no el más formal o más ilustrado).
Somos parte de algo más allá de nosotros mismos, algo que nos relaciona y nos convoca. Somos albañiles de una realidad que hacemos desde nuestras propias perspectivas y que aportamos en una discusión ecuménica, sin la esperanza de obtener algo más que poder dialogar abiertamente en el espacio que vamos nombrando y viviendo y construyendo.
Eso sí, la dominación mediante la técnica está a la vuelta de la esquina.
Supongamos que de pronto un supraeditor nos empieza a corregir lo que escribimos porque debemos mantener cierta coherencia textual y además cierta relación con el mundo que se supone tenemos de referencia allá afuera. ¿Qué pasaría? Obviamente tendríamos que empezar a caminar por la vereda de la verosimilitud y a editar desde cierta perspectiva más allá de la nuestra la realidad que nosotros queremos comunicar.
Si el supraeditor nos condujera editorialmente ya no seríamos una alternativa independiente para la construcción de una realidad que va entretejiendo realidades diferentes. Es cierto que a veces la entropía nos golpea la puerta, pero siempre van quedando los que tienen que quedar, los que tienen algo que decir, algo que comunicar. Siempre va quedando el lenguaje más fundamentado (no el más formal o más ilustrado).
Somos parte de algo más allá de nosotros mismos, algo que nos relaciona y nos convoca. Somos albañiles de una realidad que hacemos desde nuestras propias perspectivas y que aportamos en una discusión ecuménica, sin la esperanza de obtener algo más que poder dialogar abiertamente en el espacio que vamos nombrando y viviendo y construyendo.
Eso sí, la dominación mediante la técnica está a la vuelta de la esquina.
viernes, junio 23, 2006
El mundo gira
Las últimas situaciones acaecidas en la actualidad nacional (qué raro que el mundo se mueva a pesar de que todos estamos en Alemania) me hacen sospechar que luego hará su aparición nuestro rotundo e inefable amigo el nunca bien ponderado chupacabras. Y si no aparece, yo mismo voy a buscar por ahí en los callejones alguna señal de que un ser sobrenatural nos está comiendo la cordura y la capacidad de asombro.
Un viejo profesor solía decirme que el mundo da muchas vueltas y lo que hoy es blanco mañana puede ser negro o viceversa. Creo que tenía razón y es cosa de ver los acontecimientos recientes para que nos demos cuenta de aquello.
Nuestras autoridades de gobierno están muy complacidas con la visita del ilustre presidente electo del Perú, el señor Alan García; es cierto, el que estuvo al lado de la presidenta Bachelet es el mismo Alan García que alguna vez conocimos como presidente del Perú y que hoy vuelve a ser favorecido con el voto del pueblo.
El mundo gira y gira.
Un viejo profesor solía decirme que el mundo da muchas vueltas y lo que hoy es blanco mañana puede ser negro o viceversa. Creo que tenía razón y es cosa de ver los acontecimientos recientes para que nos demos cuenta de aquello.
Nuestras autoridades de gobierno están muy complacidas con la visita del ilustre presidente electo del Perú, el señor Alan García; es cierto, el que estuvo al lado de la presidenta Bachelet es el mismo Alan García que alguna vez conocimos como presidente del Perú y que hoy vuelve a ser favorecido con el voto del pueblo.
El mundo gira y gira.
viernes, junio 16, 2006
lunes, junio 12, 2006
Límite
Estregado contra el límite de la llamada
incierta de la voz amanecida
como yo en un cristal atosigado de preguntas
descubro cierta clave
que me hace oscurecer por un momento
para volver luego a descubrir los pasos olvidados
de mi propia contemplación
Así esa voz está cerrada en su estructura
con la íntima serenidad de haberlo dicho todo
Más allá de la certeza
Más allá del paso inescrutable de la ruta
En la sílaba inaugural de lo evidente
Estregado contra el límite de la llamada
incierta de la voz amanecida
como yo en un cristal atosigado de preguntas
descubro cierta clave
que me hace oscurecer por un momento
para volver luego a descubrir los pasos olvidados
de mi propia contemplación
Así esa voz está cerrada en su estructura
con la íntima serenidad de haberlo dicho todo
Más allá de la certeza
Más allá del paso inescrutable de la ruta
En la sílaba inaugural de lo evidente
viernes, junio 09, 2006
Construyamos una realidad mejor junto con los estudiantes
Los estudiantes secundarios no salieron a manifestar su descontento porque se les ocurrió de repente; no, por el contrario, ellos nos arrojaron en nuestra cara aburguesada y conformista que la educación así como está no anda bien. ¿Y qué? Dijimos todos al principio, cuando no pensábamos que estos jovencitos liceanos serían capaces de tener al país de cabeza por tres semanas. Claro que la educación está mal, no es posible que la única herramienta que tienen los jóvenes más necesitados para su movilidad social sea deficiente. Y lo peor es que desde siempre nos llenamos la boca con la frase típica del discurso presidencial desde la vuelta a la democracia: “Tenemos que mejorar la calidad de la educación en nuestro país”. Por supuesto que se han tomado medidas desde que estamos en democracia, pero no son suficientes. ¿No les queda claro con lo férreo del movimiento estudiantil?
Más allá de que se solicita no politizar el movimiento, ¿qué tiene de malo hablar desde la política? ¿Acaso tienen miedo también de que surja un nuevo sentimiento político a partir de la manifestación estudiantil? Un dato importante a considerar es que todos estos muchachos son hijos de nuestra democracia actual, así que bueno o malo, el mundo que ellos conocieron desde su más tierna infancia ha sido uno democrático, aunque medio condimentado eso sí, en una sociedad en que caminábamos en una “transición”, que incluyó ejercicios de enlace, boinazos, pinocheques, London Clinic y otros etcéteras tan pintorescos como patéticos. Pero ellos, se supone, no están estigmatizados con el sí y el no o con la Concertación y con la Alianza, que a esta altura parecen ser movimientos anodinos y acostumbrados al equilibrio en la forma, aunque en el fondo el asunto parezca una bolsa de gatos.
¿Dónde está la Presidenta? Por favor, urgen cambios en el gabinete y también entre los asesores. Que hagan cursos en Estados Unidos respecto del manejo de crisis. No es posible que el ex Presidente Ricardo Lagos tenga una voz menos temblorosa y de mayor poder de estadista que la de la actual Presidenta de Chile para referirse al tema de las manifestaciones estudiantiles. Está bien que hablemos de la oportunidad que generaron los estudiantes secundarios, pero sintámoslo sinceramente y que ello se vea trasuntado en la conformación de una comisión que realmente represente a todos los sectores involucrados en el tema de la educación y no deje afuera a actores que tienen mucho que aportar.
Más allá del manido cliché de la diferencia dramática en la sociedad chilena y la deficiencia estructural de la educación en Chile, las autoridades tienen que darse el tiempo para ver y analizar seriamente hasta qué punto lo que hicieron los estudiantes secundarios tiene su correlato en lo que pasa en la sociedad, o ¿acaso no estuvimos cerca de que el movimiento social hubiera crecido más allá de lo proyectado por el gobierno?
No es desplome del movimiento el hecho de que los estudiantes entreguen los colegios; ellos hicieron algo que a nosotros se nos había olvidado que se podía hacer: hablaron con conciencia de “clase” o mejor digamos “gremio” o para no hacer tan “político” el comentario, ellos hablaron como personas conscientes de su ser en el mundo, conscientes de que si no tienen una buena educación y las facilidades mínimas para acceder al estudio no pueden contar con una verdadera y efectiva herramienta de movilidad social, que les permita construir una mejor realidad para ellos y sus familias.
Los estudiantes secundarios no salieron a manifestar su descontento porque se les ocurrió de repente; no, por el contrario, ellos nos arrojaron en nuestra cara aburguesada y conformista que la educación así como está no anda bien. ¿Y qué? Dijimos todos al principio, cuando no pensábamos que estos jovencitos liceanos serían capaces de tener al país de cabeza por tres semanas. Claro que la educación está mal, no es posible que la única herramienta que tienen los jóvenes más necesitados para su movilidad social sea deficiente. Y lo peor es que desde siempre nos llenamos la boca con la frase típica del discurso presidencial desde la vuelta a la democracia: “Tenemos que mejorar la calidad de la educación en nuestro país”. Por supuesto que se han tomado medidas desde que estamos en democracia, pero no son suficientes. ¿No les queda claro con lo férreo del movimiento estudiantil?
Más allá de que se solicita no politizar el movimiento, ¿qué tiene de malo hablar desde la política? ¿Acaso tienen miedo también de que surja un nuevo sentimiento político a partir de la manifestación estudiantil? Un dato importante a considerar es que todos estos muchachos son hijos de nuestra democracia actual, así que bueno o malo, el mundo que ellos conocieron desde su más tierna infancia ha sido uno democrático, aunque medio condimentado eso sí, en una sociedad en que caminábamos en una “transición”, que incluyó ejercicios de enlace, boinazos, pinocheques, London Clinic y otros etcéteras tan pintorescos como patéticos. Pero ellos, se supone, no están estigmatizados con el sí y el no o con la Concertación y con la Alianza, que a esta altura parecen ser movimientos anodinos y acostumbrados al equilibrio en la forma, aunque en el fondo el asunto parezca una bolsa de gatos.
¿Dónde está la Presidenta? Por favor, urgen cambios en el gabinete y también entre los asesores. Que hagan cursos en Estados Unidos respecto del manejo de crisis. No es posible que el ex Presidente Ricardo Lagos tenga una voz menos temblorosa y de mayor poder de estadista que la de la actual Presidenta de Chile para referirse al tema de las manifestaciones estudiantiles. Está bien que hablemos de la oportunidad que generaron los estudiantes secundarios, pero sintámoslo sinceramente y que ello se vea trasuntado en la conformación de una comisión que realmente represente a todos los sectores involucrados en el tema de la educación y no deje afuera a actores que tienen mucho que aportar.
Más allá del manido cliché de la diferencia dramática en la sociedad chilena y la deficiencia estructural de la educación en Chile, las autoridades tienen que darse el tiempo para ver y analizar seriamente hasta qué punto lo que hicieron los estudiantes secundarios tiene su correlato en lo que pasa en la sociedad, o ¿acaso no estuvimos cerca de que el movimiento social hubiera crecido más allá de lo proyectado por el gobierno?
No es desplome del movimiento el hecho de que los estudiantes entreguen los colegios; ellos hicieron algo que a nosotros se nos había olvidado que se podía hacer: hablaron con conciencia de “clase” o mejor digamos “gremio” o para no hacer tan “político” el comentario, ellos hablaron como personas conscientes de su ser en el mundo, conscientes de que si no tienen una buena educación y las facilidades mínimas para acceder al estudio no pueden contar con una verdadera y efectiva herramienta de movilidad social, que les permita construir una mejor realidad para ellos y sus familias.
martes, junio 06, 2006
Adiós a Eliana Navarro, mi queridísima maestra
Hace 13 años, un día de invierno, conocí a la poeta Eliana Navarro. Yo era un joven con muchas ilusiones, con un bolso lleno de papeles de mi tesis para optar al grado de licenciado en literatura, buscando trabajo también, tratando de forjarme un destino.
En eso estaba cuando fui a la Biblioteca del Congreso, en Santiago, y me encontré con dos grandes personas, la señora Eliana Navarro y don José Miguel Vicuña. Ellos me abrieron su corazón y me llevaron por un camino que aún era inexplorado para mí: la poesía.
No conseguí trabajo, pero logré algo mayor, una amistad eterna, conocí el amor puro por la poesía de la señora Eliana Navarro, una de las mejores personas, una de las mejores poetas que he conocido en mi vida.
En ella todo era poético, sus palabras, su mirada, su intenso amor por la gran familia que formó.
Un amigo poeta me aturde con la noticia de su muerte. Ruego a Dios que ella esté en un lugar de privilegio, porque se lo merece sobradamente. Casi no puedo escribir de tanta pena; le tuve y le tengo un inmenso cariño. Era la maestra, la amiga.
Siempre vivirá, en cada verso, en cada palabra que aún recuerdo, en toda su inmensa poesía.
Hace 13 años, un día de invierno, conocí a la poeta Eliana Navarro. Yo era un joven con muchas ilusiones, con un bolso lleno de papeles de mi tesis para optar al grado de licenciado en literatura, buscando trabajo también, tratando de forjarme un destino.
En eso estaba cuando fui a la Biblioteca del Congreso, en Santiago, y me encontré con dos grandes personas, la señora Eliana Navarro y don José Miguel Vicuña. Ellos me abrieron su corazón y me llevaron por un camino que aún era inexplorado para mí: la poesía.
No conseguí trabajo, pero logré algo mayor, una amistad eterna, conocí el amor puro por la poesía de la señora Eliana Navarro, una de las mejores personas, una de las mejores poetas que he conocido en mi vida.
En ella todo era poético, sus palabras, su mirada, su intenso amor por la gran familia que formó.
Un amigo poeta me aturde con la noticia de su muerte. Ruego a Dios que ella esté en un lugar de privilegio, porque se lo merece sobradamente. Casi no puedo escribir de tanta pena; le tuve y le tengo un inmenso cariño. Era la maestra, la amiga.
Siempre vivirá, en cada verso, en cada palabra que aún recuerdo, en toda su inmensa poesía.
viernes, mayo 26, 2006
La voz de los estudiantes
Iban marchando por Vicuña Mackenna, los había visto antes en la Alameda, entonando un cántico en el que rimaban las demandas y sus arengas. Los estudiantes están movilizados, se han hecho escuchar. No son niñitos. Son parte de la sociedad y están hablando. Y tienen que escucharlos…
A mí me tocó una época difícil al ser estudiante secundario. Estaba Pinochet y sus tentáculos en todos lados. Liceos intervenidos, escuelas dominadas, universidades arrasadas. En fin. En ese tiempo sonaba un tema del que siempre me acuerdo y que irónicamente decía “la censura no existe, mi amor” hasta quedar sin palabras. La censura efectivamente existía, a manotazo limpio, a patadas, hasta hacer callar, amordazando, construyendo una realidad paralela, limpia y obsecuente al gobierno impuesto por la fuerza.
Por lo menos ahora se puede hablar, sin temor a aparecer quemado, amarrado con alambres, baleado o simplemente colapsado de tanta persecución, de tanta bota y lente oscuro en las calles.
Que hablen los muchachos, que hable también la clase media a través de ellos. La Presidenta tiene que escuchar. Manipular de alguna forma ese equilibrio macroeconómico del que tanto hablan los ministros y los políticos oficialistas y opositores.
Los muchachos están dando lecciones a los más grandes. Hay un mensaje que no se puede pasar por alto en la voz de los jóvenes. Hay una realidad que debe ser construida a partir de las miradas de los estudiantes.
Iban marchando por Vicuña Mackenna, los había visto antes en la Alameda, entonando un cántico en el que rimaban las demandas y sus arengas. Los estudiantes están movilizados, se han hecho escuchar. No son niñitos. Son parte de la sociedad y están hablando. Y tienen que escucharlos…
A mí me tocó una época difícil al ser estudiante secundario. Estaba Pinochet y sus tentáculos en todos lados. Liceos intervenidos, escuelas dominadas, universidades arrasadas. En fin. En ese tiempo sonaba un tema del que siempre me acuerdo y que irónicamente decía “la censura no existe, mi amor” hasta quedar sin palabras. La censura efectivamente existía, a manotazo limpio, a patadas, hasta hacer callar, amordazando, construyendo una realidad paralela, limpia y obsecuente al gobierno impuesto por la fuerza.
Por lo menos ahora se puede hablar, sin temor a aparecer quemado, amarrado con alambres, baleado o simplemente colapsado de tanta persecución, de tanta bota y lente oscuro en las calles.
Que hablen los muchachos, que hable también la clase media a través de ellos. La Presidenta tiene que escuchar. Manipular de alguna forma ese equilibrio macroeconómico del que tanto hablan los ministros y los políticos oficialistas y opositores.
Los muchachos están dando lecciones a los más grandes. Hay un mensaje que no se puede pasar por alto en la voz de los jóvenes. Hay una realidad que debe ser construida a partir de las miradas de los estudiantes.
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